Diseño Inteligente. Complejidad irreducible. Parte I

El verano pasado encontré por mera casualidad uno de esos documentales que hacen que se active la materia gris. El documental se llama “Designio Inteligente – La Clave del Misterio de la Vida” y habla de la reunión de una serie de científicos y filósofos para debatir sobre el misterio del origen de la vida en la tierra.

De una forma muy comprensible y desgranando cada uno de los diferentes argumentos, van apareciendo uno tras otro prestigiosos biólogos y científicos para explicar cómo llegan a la conclusión de que existe algo llamado Designio o Diseño Inteligente. Sin nombrar en ningún momento a un Creador en un plano espiritual, la teoría cuestiona la corriente Darwinista – que explica la evolución de las especies a partir de pequeños cambios de adaptación – y determina que hay evidencias inequívocas de que algún tipo de inteligencia primigenia tuvo que intervenir en la creación de las moléculas de ADN.

Primer hito: Cuestionar la teoría de Darwin sobre la evolución de las especies

Para cuestionar a Darwin, el documental explica una teoría llamada Complejidad Irreducible, la cual especifica que hay diferentes máquinas moleculares que tienen las piezas mínimas, únicas y necesarias para realizar de forma efectiva la función que tienen asignada. Esto significa que todas las piezas que componen una máquina molecular específica no pudieron evolucionar a partir de pequeños cambios y tuvieron que aparecer de forma espontánea y definitiva, ya que cualquier combinación anterior de las piezas o cualquier ausencia de cualquiera de ellas hubiera hecho que la máquina molecular no pudiera cumplir su función principal y, por tanto, hubiera estado descartada por la teoría de la selección natural.

Para ejemplificar esta teoría, el Bioquímico Michael J. Behe hace un símil con una ratonera. La ratonera está compuesta por 6 piezas: la base de madera, el muelle, el gancho, el martillo, el cepo y la barra de sujeción. Si cualquiera de estas piezas no está en su sitio o falta, la ratonera no funciona. Por tanto la ratonera escenifica la Complejidad Irreducible: tiene las piezas mínimas y necesarias para cumplir su cometido; cualquier otra configuración no funcionaría.

Ratonera

Un ejemplo biológico de Complejidad Irreducible es el flagelo bacteriano, un mecanismo que tienen algunas bacterias para moverse en el medio. Según Behe, el flagelo bacteriano echa por tierra la teoría de Darwin: si a este “motor fuera borda” le faltara cualquiera de sus piezas o las piezas estuvieran colocadas en una posición diferente, no funcionaría, no cumpliría su cometido y por tanto hubiera sido descartado por la evolución natural: cualquier estado anterior de evolución del flagelo bacteriano no tendría ningún sentido y no ofrecería función alguna.

flagelo

Segundo Hito: La casualidad no existe

¿Cómo se creó la primera molécula de ADN? ¿Cómo el azar consiguió generar una molécula con millones de instrucciones para el montaje y distribución de máquinas moleculares que conforman la vida de las especies? El símil del documental es formidable: ¿Cuántos millones de años harían falta para escribir el Hamlet de Shekaspeare lanzando sobre una mesa fichas de Scrabble con las letras del alfabeto? Esto es realmente una molécula de ADN, millones de instrucciones precisas, ordenadas y codificadas en una doble hélice. La molécula de la vida. ¿Evolucionó? ¿Cómo?

scrabble

Tercer Hito: Azar e Inteligencia

Por último, el documento explica cómo podemos distinguir entre una intervención inteligente o la intervención del azar. La búsqueda consiste en entender y teorizar cómo reconocemos de forma rápida que ha existido una inteligencia previa en la formación de un organismo o una forma de la naturaleza. Es decir, cuando observamos, por ejemplo, los monumentos de la isla de Pascua, cómo entendemos inmediatamente que esa forma no es provocada por las fuerzas de la naturaleza, la erosión, el viento y el agua sino que ha existido una inteligencia previa que ha tallado la forma en la piedra. Teorizando sobre esta capacidad, el matemático William Dembski ha disertado sobre cómo reconocer en un artefacto los rasgos que evidencian que una inteligencia ha intervenido en la creación del mismo. Dembski intenta utilizar criterios fiables, empíricos y científicamente rigurosos para decidir si algo es realmente resultado del diseño inteligente. El descubrimiento de Dembski es que se necesitan dos ingredientes: improbabilidad y especificación. Esto significa que, siguiendo el ejemplo de las estatuas de Pascua, si observamos un suceso altamente improbable (unas piedras con forma de cabeza en una zona no rocosa) pero fácilmente reconocible (en seguida entendemos que se trata de caras humanas) llegamos a la conclusión automática de que un diseño inteligente previo ha influido en la creación de estas estatuas.

Pascua

De esta forma, argumentando a través de estas tres líneas de pensamiento, el documental finaliza la exposición indicando que la teoría evolutiva de Darwin falla para explicar ciertas características de los organismos y no es capaz de dar sentido a la formación de la molécula de ADN y que en ésta, son fácilmente reconocibles la improbabilidad y la especificación, ingredientes todos ellos que hacen que esta corriente científica concluya en la teoría que da nombre a este post: existe Diseño Inteligente para la creación de la Vida. De hecho no se habla de la identidad del Creador y huyen del plano religioso pero dejan la puerta abierta para que el espectador saque sus propias conclusiones.

Y como explicaba al principio, tras entender la teoría, durante algunas semanas estuve dándole vueltas y planteándome cuán acertada pudiera ser.

No acabaré el post, por supuesto, sin dejar el link del documento: https://www.youtube.com/watch?v=HsKq3FxDzkk